Seguridad y Defensa

Artículo de Fernando Davara Rodríguez. Publicado en la Revista de Aeronáutica y Astronáutica en octubre 2007, número 767 (título original: "El Espacio de Seguridad y Defensa; 25 años después")

 

Introducción

El 4 de octubre de 1957 la Unión Soviética puso en órbita el primer satélite artificial (el famoso Sputnik 1) iniciando de esta forma la conquista del espacio. Desde entonces, las naciones mas avanzadas han ido desarrollando una amplia gama de tecnologías espaciales, cuya extraordinaria evolución las ha convertido en motor de numerosas actividades, aplicaciones y servicios.

Gracias a ellas se han mejorado sensiblemente las comunicaciones y las previsiones meteorológicas; el lanzamiento y explotación de satélites científicos ha permitido ampliar nuestros conocimientos sobre una gran variedad de fenómenos físicos; los satélites de observación de la Tierra son una ayuda inestimable para conocer mejor nuestro planeta, prevenir catástrofes y optimizar el uso de los recursos terrestres y marítimos; los sistemas de posicionamiento y navegación constituyen una inestimable ayuda para el transporte y la localización; el acceso humano al espacio comienza a verse como algo natural y ya se han enviado naves a los confines de nuestro sistema solar, etc., sin mencionar otro tipo aplicaciones no espaciales impulsadas por la investigación y desarrollo llevadas a cabo en el sector.

Como en toda obra humana de estas dimensiones e importancia, el espacio se ha explotado también para aplicaciones militares. Poco tiempo después del lanzamiento del Sputnik los EEUU pusieron en órbita su primer satélite de reconocimiento fotográfico (el Discoverer 14; 1960) hecho que puede considerarse el inicio de la actividad en este dominio, continuado por el lanzamiento y utilización de una gran cantidad de satélites militares de vigilancia y reconocimiento, telecomunicaciones, alerta temprana, navegación, etc.

Hoy en día las operaciones civiles y militares se han aproximado bastante, hasta casi solaparse en algunos dominios. Se ha generalizado el empleo conjunto de satélites de comunicaciones, el sistema de navegación conocido por GPS se utiliza tanto por tropas, como por patrones de yates o navegantes del desierto, y los satélites meteorológicos están inmersos en el medio civil y en el militar.

Pero en la mayoría de los casos al hablar de espacio se hace referencia únicamente a los satélites civiles, ante el escaso conocimiento sobre sus homólogos dedicados a aplicaciones de Defensa. Parte de esta circunstancia se debe al hecho de haber comenzado en plena guerra fría y no difundirse los conocimientos derivados de esta particular utilización del espacio, quedando limitados al reducido entorno de determinados servicios y agencias.

Inmersos ya en el siglo XXI, el 75 aniversario de la Revista Aeronáutica brinda la oportunidad de ofrecer algunas respuestas sobre cuestiones relativas al espacio de Seguridad y Defensa, en su concepción actual, en particular en España, y sobre las previsibles tendencias de futuro, con las limitaciones propias del volumen del texto y, por supuesto, el respeto a las normas nacionales e internacionales de protección de materias clasificadas.

Evolución del uso del Espacio

Hace 25 años con ocasión de su 50 aniversario la Revista se preguntaba: ¿cuál será la situación de la astronáutica dentro de 25 años? Como primera respuesta se anticipaba la dificultad de hacer pronósticos a la vista de lo vivido en el cuarto de siglo que había transcurrido desde la puesta en órbita del primer Sputnik.

Esta misma pregunta podríamos hacerla ahora y obtener una respuesta similar, incluso de mayor dificultad de predicción, dado que la evolución en este tiempo ha superado con creces las previsiones más futuristas y optimistas.

Desde en lanzamiento y puesta en órbita del primer satélite hasta nuestros días se ha producido una espectacular evolución en el uso del espacio. Al analizar tal progreso, especialmente en la última década, gran parte de los analistas y estudiosos del tema coinciden en afirmar que el concepto dominante es el de proliferación o multiplicación.

Esta expansión, que se detecta en casi todos los dominios, es muy evidente en algunos muy concretos. Así puede hablarse de la multiplicación (o de aumento significativo) de los medios espaciales y de las posibilidades y capacidades que ofrecen a los usuarios.

No menos importante es la multiplicación del número de actores implicados, que ha pasado de un mínimo, representado por el sector militar, a una cantidad importante, integrada por sectores gubernamentales, científicos, comerciales, etc.

Finalmente es de destacar la multiplicación de los posibles papeles a jugar en los actuales y futuros escenarios donde sea preciso desarrollar nuevas misiones en apoyo a diferentes políticas (medio ambiente, desarrollo sostenible, etc.) o a la necesidad de hacer frente a diferentes conflictos y amenazas.

Toda esta proliferación se manifiesta claramente en la creciente demanda de servicios espaciales, que permiten a los diferentes sectores implicados abordar ambiciosos proyectos en los que se incluyen estaciones espaciales, con presencia humana en el espacio, y costosas constelaciones de satélites, o en los continuos logros en el campo de la investigación, desarrollo e innovación, con la aparición de nuevas aplicaciones y servicios, especialmente en los dominios de la observación de la Tierra, la navegación y las comunicaciones globales.

Todos estos elementos aparecen también, de forma particularizada, en el denominado espacio militar, que ha experimentado un considerable incremento en los medios y aplicaciones, mientras ampliaba su campo de aplicación extendiendo el concepto para abarcar mas dominios y adaptarse de forma paulatina a los nuevos desafíos derivados de los modernos conceptos en el ámbito de la Defensa.

El moderno espacio de Seguridad y Defensa

Hasta los años ochenta, el diseño y desarrollo de los sistemas espaciales militares estaba prácticamente limitado a las dos superpotencias cuyas necesidades partían de una situación internacional condicionada por la existencia de dos bloques con el centro de gravedad desplazado fuertemente hacia Centro Europa. También se producían una serie de conflictos de carácter bipolar en los que de una u otra forma estaban ambas presentes, según su zona de influencia, a los que se añadían diversas crisis de carácter puramente regional.

Todo ello implicaba una estrategia de uso del espacio dirigida a satisfacer la permanente necesidad de información sobre amenazas, actividades armadas, aumentos de potencia, posibilidad de lanzamiento de misiles balísticos, etc., así como la exigencia de una permanente flexibilización y mejora de las comunicaciones tácticas y estratégicas.

Pero los acontecimientos sucedidos en las dos últimas décadas han transformado profundamente la escena internacional dando lugar a un nuevo contexto estratégico mundial y local. La unificación alemana, la desaparición de la Unión Soviética y el progresivo establecimiento de una Europa común, han significado una disminución del riesgo de conflicto mundial, pero no han evitado la permanente aparición de fuentes de inestabilidad; los conflictos bipolares han devenido en multipolares y las crisis regionales tienen tendencia a globalizarse e, incluso en algunos casos, han dado lugar a verdaderos conflictos armados (Golfo Pérsico, Bosnia, Kosovo, Afganistán, Irak,..). Además ha surgido un nuevo fenómeno, latente en la época, como es el terrorismo global cuyos más desgraciados ejemplos se materializaron en los atentados de Nueva York y Madrid.

Este nuevo escenario ha obligado a la adopción de otras estrategias. Los países occidentales (entre ellos España), integrados en alianzas comunes, están dando impulso a la moderna concepción de la defensa, que ya no se entiende como algo limitado al espacio de soberanía propio, pues mas allá de éste existen factores de inestabilidad generadores de riesgos, muchas veces impredecibles, que afectan negativamente al esfuerzo común de paz y estabilidad.

Así aparece un nuevo modelo que comprende una seguridad y defensa multinacionales, donde a las antiguas amenazas políticas, militares, económicas y sociales se añaden nuevos elementos de riesgo, cuyos ejemplos mas caracterizados son el terrorismo o el impacto de la presión medioambiental. El principal objeto es prevenir, gestionar y resolver, si llega el caso, crisis de amplio espectro, así como evitar conflictos y proteger los intereses comunes ante cualquier tipo de amenaza, para lograr las metas deseadas del mantenimiento de la estabilidad y la convivencia en paz y libertad.

La adopción de estos nuevos conceptos de defensa ha contribuido a destacar la dimensión estratégica del uso del espacio y de sus variados dominios de aplicación en los diversos escenarios susceptibles de presentarse en el momento actual y a corto plazo. En la actualidad los medios espaciales aparecen como una herramienta indispensable por su capacidad de obtener y difundir información de forma repetida y en cualquier lugar, su carácter global y no agresivo y su libertad para franquear fronteras con total independencia, con discreción y en el estricto respeto de las leyes internacionales.

Sistemas espaciales adecuados a los nuevos conceptos

El término espacio admite múltiples interpretaciones, dependientes del contexto, que pueden dar lugar a confusión. Normalmente al hablar del espacio se hace referencia al entorno que nos rodea, distinto de la tierra, aire y océanos, al que se considera de gran importancia estratégica y con capacidades significativas en dominios como la TV y radio digitales, la previsión meteorológica, control medio ambiental, etc.

Pero en un enfoque orientado a la explotación de las capacidades que puede proporcionar el espacio, es necesario ampliar el concepto para abarcar en él tanto al medio físico, como a sus elementos y aplicaciones, incluyendo los situados y utilizados en tierra.

De esta forma se considera que, en este contexto, el espacio está integrado por los siguientes componentes:

? Sistemas Espaciales,
? Infraestructuras,
? Aplicaciones y Servicios de valor añadido.

Continuando con esta línea argumental, los diversos sistemas espaciales se diferencian entre sí según las capacidades que pueden proporcionar. Así es usual clasificarlos en las familias de:

? Comunicaciones
? Observación (de la Tierra y del espacio)
? Navegación
? Meteorología
? Geodesia
? Acceso al espacio (lanzadores)

Al hablar del espacio de seguridad y defensa se hace uso de un concepto amplio en el que se incluyen el espacio, como medio, y los sistemas espaciales (en el espacio o en tierra). En este sentido se hace referencia al uso del espacio, y sus sistemas, así como de las capacidades que proporciona el medio espacial en apoyo de la estrategia de la seguridad y defensa comunes y de la tarea de alcanzar los objetivos de dicha estrategia.

En este caso son las tres primeras familias las que merecen una especial atención.

Sistemas de Comunicaciones; transmisión punto a punto de datos, voz, tv, multimedia, retransmisión de datos de satélites de observación, etc., permitiendo la transferencia de información a través de las fronteras.

En el campo de las telecomunicaciones los satélites constituyen la columna vertebral de toda red de comunicaciones, soportando y complementando al resto de medios. Su empleo esta especialmente recomendado en aquellas operaciones de gestión y resolución de crisis que implican una rápida proyección de medios, de gran movilidad, sobre zonas alejadas y muy diversificadas, donde son vitales la flexibilidad y capacidad de reacción.

Sistemas de Observación de la Tierra; adquieren y proporcionan datos (radiación e imágenes) de áreas concretas en cualquier lugar de la superficie de la Tierra.

Cuenta con un gran número de aplicaciones, que se incrementa día a día, tanto en el sector civil como en el gubernamental o el comercial, pero donde alcanza su más alto grado de utilización es en el de la inteligencia al constituir una herramienta esencial que permite la obtención de información de forma permanente y repetitiva en todo lugar del globo.

Asimismo los sistemas de observación de la Tierra desde el espacio son de probada eficacia en otros campos de la defensa, donde constituyen un valioso complemento para el resto de medios disponibles, ayudando en la preparación de las operaciones y favoreciendo la utilización de los modernos sistemas de armas.

Sistemas de Navegación; proporcionan señales que permiten determinar la posición 3D, velocidad, etc., de un receptor con una precisión dependiente de cada sistema. Sus datos se utilizan también en combinación con los obtenidos por los sistemas de Observación, en varias aplicaciones (Sistemas de Información Geográfica, Posicionamiento, etc.).

La navegación por satélite nació y creció con una fuerte vocación de uso militar, para posicionar móviles y guiar armas de precisión. Pero el incremento de la demanda de la sociedad de la información ha dado lugar al desarrollo de un número creciente de servicios que cada vez utilizan mas las informaciones proporcionadas por los sistemas de navegación espaciales, en el dominio de los transportes, comunicaciones, control de tráfico, etc.

En el caso concreto de seguridad y defensa la información de posición y de tiempo que proporcionan los sistemas de navegación constituyen datos críticos, algunas veces indispensables, especialmente para el desarrollo de operaciones donde intervengan sistemas de armas modernos.

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El Espacio como campo de batalla

Si bien en este artículo se trata de la utilización del espacio con fines de defensa, parece conveniente insertar un breve resumen referente a la evolución de la utilización del espacio como campo de batalla.

En el aniversario de la revista se publicaban dos artículos dedicados a la guerra en el espacio, tema entonces de gran actualidad. ¿Qué ha sucedido desde entonces con respecto a este asunto?

En la estrategia espacial norteamericana se incluía entonces la posibilidad utilizar el espacio como escenario de uno de los modernos tipos de guerra, situando en él sistemas defensivos o sofisticado armamento a utilizar en el espacio, o desde él hacia la Tierra, lo que se popularizó con el nombre de “guerra de las galaxias”.

En 1983 comenzó a desarrollarse la Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI), denominación oficial de la guerra de las galaxias, como un ambicioso programa de destrucción de misiles balísticos en su fase de lanzamiento. Las diferentes administraciones estadounidenses fueron posteriormente modificando y recortando las capacidades del futuro sistema antimisiles, en los programas conocidos como GPALS (Global Protection Against Limited Strikes) y NMD (National Missile Defense) conceptos que permanecieron en vigor hasta que en Agosto de 2006 el Presidente de los Estados Unidos aprobó la denominada “U.S. National Space Policy” que derogaba los anteriores.

En ella se establece la política nacional para las actividades espaciales cuyo elemento central es la libertad de acción en el espacio. Para ello define la doctrina de control y dominio del espacio como la capacidad para vigilar las actividades espaciales de cualquier nación, el control de dichas actividades por medio de acciones defensivas y ofensivas y el poder asegurar la libertad de acción de las actividades espaciales propias (es decir de los EE.UU.). Asimismo se asegura que este control espacial implica la capacidad de denegar el acceso al espacio a cualquier nación considerada como amenaza para los EE.UU.

La implementación de esta doctrina ya ha comenzado en la actualidad desarrollándose por medio de cinco elementos: vigilancia espacial, acciones defensivas, acciones ofensivas, asegurar el acceso al espacio y capacidad de respuesta operativa y protección ante cualquier ataque de los sistemas terrestres vitales para la seguridad nacional.

Estos conceptos admiten todo tipo de interpretaciones, desde las mas pesimistas, que hablan de militarización del espacio, hasta las mas optimistas, que opinan que la medida trata de proteger a los Estados Unidos pero también de salvaguardar y ampliar el uso pacífico del espacio.

Algunos expertos opinan que dicha política estaba en suspenso pero que su activación se produjo con motivo del incremento de la capacidad militar espacial de China, cuyo último exponente había sido la destrucción desde tierra de un satélite que había quedado fuera de servicio; es decir la utilización de un arma antisatélite.

Con estos elementos de juicio es difícil asegurar si reaparece de nuevo el concepto del espacio como campo de batalla o se trata de mantener su uso para fines pacíficos en beneficio de toda la humanidad, como desea la Unión Europea. Los próximos años serán testigos de uno u otro caso.

El Espacio de Seguridad y Defensa en España: nuevos medios, nuevos conceptos, nuevas misiones

Si se trata de establecer una comparación entre las capacidades disponibles hace 25 años y las actuales la tarea es sumamente fácil, dado que en aquella época el espacio militar español prácticamente no existía y hoy en día es una realidad con un futuro prometedor a medio plazo.

España, miembro de la Agencia Europea del Espacio (ESA) desde su fundación en mayo de 1975 e importante contribuyente a la actividad espacial europea desde la década de los sesenta, no había seguido una trayectoria paralela en el campo de la utilización del espacio para fines de defensa, de la que solamente puede citarse la iniciativa del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), organismo autónomo del Ministerio de Defensa, al poner en órbita en 1974 el primer satélite español, denominado INTASAT, dotado de una carga útil experimental.

Pero a finales de la década de los 80 se produjo un giro importante en esta trayectoria; los programas Helios y SECOMSAT, así como la activa participación en el Grupo de estudios espaciales de la Unión Europea Occidental y el establecimiento en España (1992) del Centro de Satélites de este organización europea, fueron los elementos iniciadores de un creciente interés en mejorar y aumentar las capacidades operativas en dos de los campos más importantes, que a su vez contribuyó a potenciar la capacidad industrial al adquirir nuevas tecnologías y perfeccionar las ya existentes.

La evolución en los diferentes sistemas ha sido, de forma resumida, la siguiente:

Sistemas de Comunicaciones

En septiembre de 1992 se puso en órbita geoestacionaria (a unos 36.000 kilómetros de altura) el satélite español Hispasat 1A que llevaba a bordo una denominada carga gubernamental en banda X (la conocida como banda militar o segura) con dos transpondedores específicos para comunicaciones fijas y móviles, dando así comienzo a la utilización de satélites de comunicaciones con fines de defensa.

La infraestructura terrestre de utilización del satélite se constituyó en el marco del denominado SECOMSAT (Sistema Español de Comunicaciones Militares por Satélite) que tenía por objeto establecer y operar medios de comunicaciones seguros, de gran capacidad y con alto grado de fiabilidad, en beneficio de las fuerzas desplegadas en territorio nacional o en el extranjero, apoyando a los órganos de Mando y de Apoyo Logístico integrados en el Sistema Conjunto de Telecomunicaciones Militares (SCTM).

Al año siguiente (julio de 1993) se puso también en órbita geoestacionaria el Hispasat 1B, dotado asimismo de transpondedores en banda X, con características tales como la interoperabilidad con otros satélites o la posibilidad de operar con satélites comerciales, en banda Ku, en aquellos lugares situados fuera del área de cobertura de la banda X.

Estos dos satélites de Hispasat fueron utilizados por las Fuerzas Armadas españolas en el marco del SCTM hasta que al comenzar el siglo XXI, dada la prevista finalización de su vida útil, se decidió reemplazar a Hispasat por otros medios que permitieran mantener la capacidad de comunicaciones por satélite, para lo que se inició un nuevo programa de comunicaciones gubernamentales.

Durante la fase de definición y desarrollo del nuevo programa, ante la posibilidad de encontrarse con un período de vacío, el Ministerio de Defensa contrató con la compañía Hispasat la prolongación de la vida útil del satélite 1B mediante su puesta en una órbita inclinada, continuando así en servicio hasta marzo de 2006.

El primer satélite del nuevo programa fue el XTAR - EUR, lanzado en 2005, que presenta la particularidad de proporcionar comunicaciones seguras por medio de un contrato de alquiler por uso. De los doce transpondedores en banda X que lleva a bordo el satélite España alquiló tres para su utilización por sus Fuerzas Armadas.

Posteriormente se completó el programa poniendo en órbita geoestacionaria, en marzo de 2006, el satélite SPAINSAT con capacidad de doce transpondedores de alta potencia en banda X y uno en banda Ka. En este caso la particularidad consiste en la cesión del exceso de capacidad operativa, en condiciones normales, a otros gobiernos y organizaciones, como EEUU, Holanda o la OTAN.

Entre los dos satélites proporcionan una cobertura de aproximadamente el 70 % de la superficie de la Tierra, con especial atención a las zonas de interés estratégico, siendo gestionados por la sociedad HISDESAT, constituida en 2001, de la que el Ministerio de Defensa es partícipe en un 40 %.

Por su parte el programa SECOMSAT continúa hasta que finalice la implantación del conjunto de terminales de comunicaciones (fijas, móviles, en navíos y transportables) y centros de gestión que forman el sistema de comunicaciones vía satélite del Ministerio de Defensa.

Todos estos satélites, programas y sistemas han hecho posible que España sea una de las pocas naciones que disponen de su propia infraestructura de comunicaciones por satélite rápidas, seguras, flexibles e interoperables en beneficio de la defensa.

Sistemas de Observación de la Tierra

El caminar español en la utilización del espacio con fines de defensa comenzó en 1988 con el compromiso de participar (con un 7 %) junto con Francia e Italia en el Programa Helios, que tenía por objeto desarrollar, poner en órbita y operar un sistema militar de observación por satélite.

Después de un largo período de estudios y desarrollos, en julio de 1995 comenzó su actividad el sistema Helios con la puesta en órbita del primer satélite de la serie, el Helios IA que, situado a una altura de unos 700 kilómetros, llevaba a bordo una carga útil dotada de un sensor óptico visible con una gran resolución espacial en comparación con la que se disponía en la época con satélites civiles.

En 1999 se completó la serie al poner en órbita y explotar el satélite Helios IB, que complementaba al anterior y lo mejoraba en cuanto a su capacidad de almacenamiento y la flexibilidad de descarga de datos.

El sistema Helios fue innovador al presentar la característica diferenciadora de su utilización conjunta entre los tres países cooperantes, con una infraestructura propia de cada uno de ellos integrada en una común, diseñada para programar y acceder a los datos que proporcionan los satélites, tanto de forma conjunta como individual, constituyendo un ejemplo de la voluntad de cooperación en materia de defensa que se está reflejando en el diseño de los actuales sistemas espaciales europeos.

Asimismo fue innovador al iniciar una experiencia basada en un grupo reducido de profesionales de los tres Ejércitos, bajo el control operativo del Estado Mayor de la Defensa y el apoyo técnico del INTA, que ha proporcionado los conocimientos y capacidades necesarias para poner en marcha y operar los sucesivos programas que le sucedieron o se encuentran en fase de definición y desarrollo, a la vez que ayudó a los organismos tecnológicos e industrias españolas a situarse en un primer nivel de competitividad en este dominio.

Como uno de los ejemplos de tal experiencia destaca que en abril de 1997 el INTA llevo a cabo el lanzamiento del satélite MINISAT 01, hito final del desarrollo de un sistema espacial completo, desde la fase inicial de diseño hasta la final de operación en órbita.

Al sistema Helios I le sucedió Helios II, en el que también participa España, junto con Francia y Bélgica, que con un porcentaje igual al español (2,5 %) sustituyó a Italia, que participará en esta versión con otra modalidad a la que se han adherido otros países europeos.

En diciembre de 2004 se puso en órbita el satélite Helios II que, al igual que los Helios I, se situó en una órbita heliosíncrona (sincronizada con el sol) y cuasipolar, a unos 700 kms de altura, permitiendo abarcar toda la superficie de la Tierra y acceder a cualquier punto de ella en menos de 4 días.

Este satélite mejoró sensiblemente a los dos anteriores tanto en su capacidad de almacenamiento o de descarga selectiva de datos, como en su resolución, precisión de localización y capacidad multiespectral, al estar dotado de una instrumentación que incorpora sensores ópticos que trabajan en la zona visible del espectro electromagnético, y otros de alta resolución e infrarrojo que permiten operar día y noche o en zonas cubiertas de nubes.

En la actualidad se está operando un sistema integrado por uno de los dos satélites Helios I, dado que el otro llegó al final de su vida útil, y el Helios II, continuando la utilización conjunta, para lo que se adaptaron convenientemente los diferentes elementos de la infraestructura del segmento terrestre del sistema, siendo responsable del control operativo de la componente española el Estado Mayor de la Defensa.

Con el objetivo de seguir ampliando la capacidad operativa española en este dominio, en los últimos meses se han tomado algunas decisiones importantes entre las que destacan la decisión de participar en el programa Pleïades o el Acuerdo Marco firmado el 26 de julio de 2007 entre los Ministros de Industria y Defensa para desarrollar un Programa Nacional de Observación de la Tierra por satélite.

En el primer caso, se ha acordado la participación española (3 %) en el programa francés Pleïades, futuro sistema dual de observación de la Tierra que dispondrá de dos minisatélites ópticos de alta resolución, un multiespectral y un infrarrojo, el primero de los cuales se pondrá en órbita previsiblemente en 2008.

Respecto al Acuerdo Marco antes mencionado contempla el desarrollo, la puesta en órbita y la explotación de dos satélites con sensores diseñados según las dos tecnologías actuales de la observación espacial, óptica y radar, financiados conjuntamente por ambos Ministerios, con una previsión de operatividad para el año 2012.

Uno de los satélites, al que se denominará “Ingenio”, dotado con sensores ópticos, será financiado y gestionado por el Centro por el Desarrollo Tecnológico e Industrial (CDTI; Ministerio de Industria) en el marco de la contribución de España a la Agencia Europea del Espacio (ESA). Sus principales beneficiarios serán usuarios civiles, pero, por la complementariedad de las tecnologías de ambos satélites y la especial característica de ser un sistema propio, sus datos podrán utilizarse también para aplicaciones de seguridad y defensa, cuando así se considere necesario.

El segundo satélite, denominado “Paz”, que llevará a bordo sensores radar, será financiado y gestionado por el Ministerio de Defensa. Al igual que el anterior, este satélite está destinado a satisfacer las necesidades de información de un sector específico, en este caso el de seguridad y defensa, pero asimismo podrá utilizarse en otras aplicaciones civiles.

Con este diseño, ambos satélites podrán ser utilizados de forma específica por cada uno de los sectores para los que han sido proyectados, pero también podrán serlo con carácter conjunto, proporcionando así la capacidad de responder al concepto moderno de utilización de estos medios espaciales, el conocido como “uso dual” (civil y de seguridad y defensa).

Con la decisión de lanzar este Programa Nacional de Observación se posibilita alcanzar el objetivo de disponer de un sistema que abarque las dos tecnologías disponibles actualmente (óptico y radar) y además orientado al mencionado uso dual, lo que supone un gran avance en este tipo de medios. Dado que los países europeos que en la actualidad disponen de recursos de este tipo, o los tienen en proyecto, solo contemplan una de las dos tecnologías, puede afirmarse que este Programa convierte a España en el primer país de la Unión Europea que trata de dotarse de un sistema espacial que abarque las dos tecnologías complementarias.

De esta forma, con la participación en Helios (I y II), la futura en Pleïades y el acuerdo de desarrollar el programa nacional de observación España dispone, y se asegura la disponibilidad para la próxima década, de una valiosa fuente de información, fiable, segura y de precisión que proporciona una gran capacidad de visión estratégica desde el espacio, tanto en cooperación como con autonomía e independencia.

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Sistemas de navegación

En la actualidad en España, como en muchos otros países, se utiliza como único sistema de navegación y posicionamiento el conocido como GPS (Global Positioning System) de los Estados Unidos, pues si bien existe también un sistema ruso (GLONASS) su utilización está limitada a un pequeño número de países.

El GPS se basa en una red de 24 satélites situados en órbitas a unos 20.000 km de altura con trayectorias sincronizadas para cubrir toda la superficie de la tierra, que permite determinar en todo el mundo la posición de un objeto con precisión métrica.

El hecho de estar controlado por el Departamento de Defensa, que proporciona señales de posicionamiento con diferentes precisiones (civil y militar), y la situación de casi monopolio en un sistema espacial de amplia utilización y significativa importancia han sido parte de los motivos por los que la Unión Europea ha decidido desarrollar un sistema similar, con capacidades mejoradas, conocido como Galileo, del que se trata en el siguiente apartado.

Espacio de seguridad y defensa en la Unión Europea

España, como estado miembro de la Unión Europea, también participa en los diferentes programas e iniciativas que de una u otra forma se dedican a apoyar la seguridad y defensa europeas. Entre todos ellos destacan fundamentalmente tres: las dos iniciativas para desarrollar y operar sistemas espaciales (Galileo y GMES) y el Centro de Satélites de la Unión Europea.

Galileo es el futuro sistema europeo de navegación y posicionamiento por satélite cuyo proyecto está dirigido de forma conjunta por la Comisión Europea (CE) y la ESA. Basado en una constelación de 30 satélites, hará posible la disponibilidad de servicios de posicionamiento y temporización para aplicaciones de precisión a escala mundial. Si bien será un sistema civil está prevista su utilización para aplicaciones militares, en particular las relacionadas con la seguridad.

Por su parte GMES (Global Monitoring for Environment and Security) es otra iniciativa conjunta liderada también por la CE y la ESA que tiene por objeto obtener y operar una capacidad autónoma europea para apoyar al control del medioambiente y la seguridad utilizando medios de observación de la Tierra desde el espacio.

Para ello se tratará de explotar de forma eficaz todo el potencial presente y futuro de los distintos programas y sistemas europeos de observación de la Tierra por medio de satélites y así poder hacer frente a las diferentes necesidades de los usuarios finales. Sobre esta base se trata de desarrollar la iniciativa GMES como un sistema integrado de apoyo a la toma de decisiones, con capacidad de adquirir, procesar, interpretar y distribuir toda información de utilidad relacionada con el medio ambiente, gestión de riesgos, recursos naturales y seguridad.

En 2005, España decidió contribuir con un 12 % a la infraestructura espacial común que se desarrollará por parte de la ESA y ofreció asimismo el apoyo al futuro sistema por medio de las imágenes del Programa Nacional de Observación de la Tierra por satélite, uniéndose así al grupo de países que contribuirán con satélites propios a esta iniciativa europea de medioambiente y seguridad.

El tercer elemento de importancia en relación con el espacio y la seguridad y defensa en Europa es el Centro de Satélites de la Unión Europea (EUSC) creado el 20 de julio de 2001 por una Acción Común del Consejo de la organización en el marco de la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC).

El EUSC, con personalidad legal de Agencia de la Unión, tiene por misión el apoyo a la toma de decisiones en el contexto de la PESC y de la Política Europea de Seguridad y Defensa (PESD), proporcionando el material que resulte del análisis de imágenes de satélites y de otra información complementaria.

Sus usuarios son el Consejo de la Unión y sus estructuras permanentes (entre ellas el Estado Mayor de la Unión Europea), en un primer grado de prioridad, y la Comisión y los Estados miembros de la UE, en su propio interés. También se entregan productos a los Estados europeos de la OTAN que no son miembros de la Unión así como a las organizaciones internacionales que lo soliciten al Secretario General (como por ejemplo Naciones Unidas, OTAN, OSCE, etc.).

El Centro, operativo desde el 1º de Enero de 2002, está supervisado políticamente por el Comité Político y de Seguridad de la Unión Europea (PSC), bajo la dirección operativa del Secretario General. Físicamente está situado en la Base Aérea de Torrejón de Ardoz (Madrid), en las instalaciones del antiguo Centro de Satélites de la Unión Europea Occidental del que el EUSC es heredero y del que recibió el conocimiento y la experiencia que acumuló en sus 10 años de existencia.

En conclusión, Europa dispone, y se está dotando, de sus propios medios para la utilización y explotación de sistemas espaciales a los que considera elementos críticos para la formulación e implementación de las políticas de la Unión como respuesta a las necesidades de los intereses prioritarios de la seguridad y defensa comunes.

Tendencias

La continúa evolución del uso del espacio, con un importante crecimiento de la demanda del sector civil y comercial, especialmente en lo que respecta a las tecnologías de la información y las comunicaciones, sugiere un análisis de las tendencias actuales y a corto plazo que permitan obtener un mejor rendimiento de las capacidades ofrecidas por el medio espacial y conocer las nuevas oportunidades que ayuden a alcanzar los objetivos de seguridad y defensa.

En la actualidad los países mas avanzados en el sector espacial, incluyendo a España, están poniendo en práctica un enfoque innovador para poder responder a las modernas necesidades de uso de los medios espaciales bajo control gubernamental. Este enfoque se deriva del crecimiento explosivo del sector espacial comercial y su incidencia en el sector militar. Dicho crecimiento, que se sustenta en el reciente desarrollo de un gran mercado, en el que predomina especialmente la obtención, difusión y explotación de información procedente de medios espaciales, está provocando una especie de migración o transferencia del liderazgo tecnológico desde el campo militar al civil, especialmente comercial.

En consecuencia, si como parece evidente, el empleo del medio espacial ya no está dominado por el sector militar, es difícil pensar que los objetivos de la defensa puedan alcanzarse solamente con medios espaciales dedicados. Parece entonces necesario tomar conciencia de que es posible, y a veces incluso deseable, que las nuevas tendencias en los medios civiles en diversas áreas funcionales puedan proporcionar apoyo a los medios propios de seguridad y defensa.

En definitiva puede afirmarse que la moderna utilización del espacio en este dominio debe entenderse como algo más que el empleo de medios militares. Apoyándose en esta afirmación y teniendo en cuenta los recortes que sufren en los países de nuestro entorno los presupuestos de defensa es necesario buscar soluciones alternativas a la hora de diseñar una arquitectura espacial para defensa. Entre ellas se encuentra la dualidad, o más concretamente el "uso dual", término que hace referencia a la integración y utilización de sistemas espaciales militares, civiles y comerciales.

El concepto se basa esencialmente en la gran similitud tecnológica entre los sistemas civiles y militares, e incluso en la complementariedad de muchos de los requisitos de usuario. Esto implica que los sistemas espaciales civiles y sus diversas capacidades puedan no sólo utilizarse sino también diseñarse de acuerdo con las necesidades de defensa, complementando de esta forma a los recursos y capacidades dedicados específicamente a dicha gestión.

Este enfoque no es nuevo, pero ha resurgido con fuerza en los últimos años, y tampoco es de “amplio espectro” dado que no tiene una clara aplicación en todos los sistemas de defensa, si bien en este sector concreto del uso del espacio parece haber encontrado el mejor modelo explicativo.

A la hora de buscar soluciones de "uso dual" es preciso tener en consideración que, en contra de lo que pueda deducirse de su nombre, no se trata solamente de la utilización de medios civiles con fines de defensa, sino que debe ponerse especial énfasis en la integración de los sistemas militares y civiles, que abarque todo el ciclo de vida global, desde la definición de los requisitos de usuario, para identificar cada aspecto de la operación y gestión de los sistemas en un contexto dual, en el que debe incluirse los aspectos singulares de defensa.

Tales singularidades, que pueden afectar a la eficiencia del conjunto de sistemas, no sólo en los aspectos de desarrollo e integración, sino también en la gestión y empleo operativo, incluyen la accesibilidad y disponibilidad de la información, en cualquier tiempo, lugar y circunstancia, la confidencialidad y, por supuesto, la seguridad de la información y de todo el conjunto de los sistemas.

En consecuencia, el concepto de “uso dual” afecta a la definición, desarrollo, despliegue, empleo y explotación de los diversos sistemas espaciales a utilizar en seguridad y defensa y es evidente que, si bien ofrece nuevas e interesantes posibilidades, también presenta riesgos que deben analizarse rigurosamente y, de aceptarse, han de asumirse de forma calculada pues en este sector, como en todos los de alto nivel tecnológico, las posibilidades de reconfiguración son mínimas o nulas.

En definitiva, se concluye que la tendencia de uso dual, será una de las más previsiblemente desarrolladas en los próximos años donde la integración de los actuales y futuros sistemas espaciales militares y civiles puede proporcionar una gran flexibilidad y complementariedad a los recursos dedicados a seguridad y defensa.

Conclusiones

El espacio juega un papel significativo en seguridad y defensa y previsiblemente incrementará su importancia en un entorno estratégico dinámico y en continuo cambio, que irá presentando nuevos desafíos.

Los diferentes actores implicados abarcan un amplio espectro que incluye sectores militares, gubernamentales, civiles e internacionales. Este conjunto tan diverso obliga a llevar a cabo esfuerzos de coordinación, comunicación e integración de los diferentes sectores para alcanzar los objetivos estratégicos comunes. Asimismo, la integración de los medios y sistemas conlleva a un amplio abanico de posibilidades y actividades que están interrelacionadas, lo que implica mayor complejidad de uso del espacio y, por tanto, una gran especialización.

Entre los enfoques más modernos aparece con fuerza el concepto de "uso dual" que implica que sistemas espaciales civiles y militares puedan diseñarse y utilizarse de acuerdo con las necesidades de defensa, complementando los recursos y capacidades dedicados específicamente.

Este enfoque ofrece nuevas posibilidades, pero también presenta riesgos, que deben ser evaluados, así como restricciones de empleo, que deben analizarse cuidadosamente antes de su posible aceptación pues en un entorno tan característico y complejo como éste existen pocas posibilidades de corregir errores.

España está jugando un importante papel, destacando como uno de los países pioneros en la utilización del espacio con fines de defensa. Los avances en estos 25 años han sido espectaculares, casi impredecibles en 1982; pero si queremos que el futuro sea igual, o mas completo si cabe, es preciso afrontar los nuevos retos que demandan las misiones derivadas de los modernos conceptos de seguridad y defensa.

Como algunas de las opciones y enfoques son diferentes a las habituales hasta ahora, es necesario implicarse desde el principio en estos esfuerzos y desafíos para poder formular e implementar las futuras opciones de uso en una actividad tan compleja y especializada como esta.

Confiemos que, como lo hacemos hoy, dentro de 25 años podamos también comprobar que el esfuerzo y compromiso han merecido la pena.

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