Programas en órbita terrestre

Artículo de Luis Pueyo Panduro. Publicado en la Revista de Aeronáutica y Astronáutica en octubre 1982, número 502 (título original: "Programas espaciales más importantes en órbita terrestre")

Introducción

La era espacial se ha iniciado cuando la evolución de los vehículos propulsados por motores cohete, basada en el desarrollo de los misiles estratégicos, ha hecho posible alcanzar la capacidad necesaria para inyectar un objeto en órbita terrestre.

Las primeras actividades orbitales estuvieron dirigidas a demostrar la factibilidd de la inyección en órbita, en condiciones marginales por la capacidad limitada de los vehículos. Los dos primeros satélites -soviético uno, americano el otro- fueron elementos de gran simplicidad que suministraron información científica que serviría de punto de partida para la investigación posterior. Estos satélites, el Sputnik I y el Explorer I, marcaron un hito en la historia de la ciencia y de la técnica. Han constituido el origen de las actividades espaciales de las dos grandes potencias.

El Sputnik I fue inyectado en órbita el 4 de octubre de 1957. Se trataba de una pequeña esfera de 585 mm de diámetro y 84 kg de peso, en la que se integraban dos emisores de 20,005 y 40,002 MHz. La duración del satélite permitió obtener información sobre las condiciones físicas de la alta atmósfera, así como el estudio del efecto perturbador de la ionosfera en la transmisión de radioondas. Este estudio permitió conocer el contenido total de electrones entre el satélite y la superficie terrestre. Por último, los datos relativos a la temperatura interior facilitaron el diseño del acondicionamiento de la cabina del siguiente satélite, el Sputnik II, que llevaría al espacio a la perra Laika.

El primer satélite americano, el Explorer I, se inyectó en órbita el 31 de enero de 1958. Aunque se trataba de una pequeña unidad de 14 kg, estaba equipado con un contador Geiger que permitió un descubrimiento sorprendente. A los 1,000 km de altitud, aproximadamente, el contador empezaba a detectar gran cantidad de partículas cargadas: era la primera indicación de la existencia del los anillos de Van Allen, que rodean la Tierra con elevadas concentraciones de partículas cargadas, atrapadas por el campo magnético. Misiones posteriores (Explorer III y IV, Pioneer II y IV) permitieron confirmar la existencia de tales anillos y determinar su estructura.

A medida que la capacidad de inyección aumentaba progresivamente, al tiempo que se avanzaba en la tecnología de naves espaciales y de la comunicación entre éstas y sus estaciones y que se alcanzaba un alto grado de confiabilidad de las misiones y se podía disponer de la nave estabilizada en tres ejes, han sido posibles dos nuevos tipos de misiones: las de aplicación y las tripuladas.

El desarrollo de vehículos inyectados ha hecho posible la ampliación de las misiones espaciales fuera de las órbitas terrestres, a las lunares y las planetarias, incuso hasta el escape del sistema solar (Pioneer X, Voyager). Pero no se han abandonado las proximidades de la Tierra y las misiones orbitales. Al contrario, a medida que las misiones planetarias avanzaban en profundidad, se afianzaba el convencimiento de que la humanidad puede obtener el mejor aprovechamiento del espacio en las órbitas terrestres y, de hecho, actualmente reciben más atención y más dedicación de recursos. En particular, se mencionan como misiones del mayor interés las de aplicación, en órbita geoestacionaria, y las de naves tripuladas que están creando la base para las grandes estaciones espaciales del futuro, especialmente las misiones soviéticas, pero sin olvidar, las perspectivas que abre el vehículo inyector recuperable americano Shuttle.

La actividad en órbita de la Tierra durante los 25 años de la era espacial ha sido ingente, tanto en naves automáticas como tripuladas. Sintetizar esta labor resulta difícil; no obstante, se trata de presentar una imagen global de este esfuerzo.

En este artículo se sintetizan las actividades realizadas en órbita en tres tipos de misiones: científicas, de aplicación y tripuladas. Se excluye uno de los usos más importantes, el de Defensa, que es el que ha motivado mayor número de misiones orbitales.

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Sobre el autor (1982): Luis Pueyo Panduro. Teniente Coronel Ingeniero Aeronáutico y Dr. Ingeniero Aeronáutico. Inicio su actividad profesional en el Ministerio del Aire, paando a continuación al INTA, sucesivamente a los Departamentos de Aerodinámica y de Equipo y Armamento, dedicado en este último a diseño, fabricación y ensayos de cojetes aire-tierra, INTA-S6, INTS-S9. Ha realizado un curso de misiles en Holloman AFB. Ha prestado sus servicios en la Organización Europea de Investigación del Espacio (ESRO) durante tres años en Francia y Holanda, dedicado al programa de cohetes de sondeo y a la dinámica orbital de los primeros satélites de ESRO. Posteriormente ha pasado a la Comisión Nacional de Investigación del Espacio (CONIE) como Director del Programa y Secretario del Comité Científico-Técnico. Es delegado de España en diversos Consejos Directores de la Agencia Espacial Europea (ESA), es catedrático de Misiles y Vehículos Espaciales en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Aeronáuticos y Presidente de la Asociación Española de Astronáutica.

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